Jorge Mendoza vende los auténticos helados de paila

En una esquina de la avenida González Suárez y García Moreno se ubica todos los días Jorge Mendoza Portilla, un ciudadano de 75 años, oriundo de la parroquia Santa Ana, quien elabora y distribuye los auténticos helados de paila, hechos de manera natural con fruta, hielo y sal, según manifiesta.

Mendoza es muy conocido por quienes transitan por este lugar, puesto que la labor de vender helados surge desde hace 37 años. Los precios están entre los 0,35 y 0,50 centavos, todo depende de cómo desee el cliente.

“Son helados hechos con hielo, sal y un jarabe que se pone en el recipiente donde se bate y se va moviendo. Yo vendo helados de coco, mora y naranjilla, especialmente”, comenta.

Mendoza explica que esta labor la aprendió de su hermano. Hasta hace seis años, él recorría las calles de la ciudad para vender sus helados, sin  embargo, ahora se ubica de manera permanente en ese espacio, a una cuadra del Cementerio Patrimonial de Cuenca.

Él añade que la preparación le toma entre una hora y una hora y media, según la cantidad de producto que vaya a elaborar. Las ventas son buenas especialmente los fines de semana, pero Mendoza sale todos los días, de 09:00 a 15:00. Cuando el clima es favorable vende alrededor de 150 helados, sostiene. De hecho esta labor es la que ha permitido que él pueda sostener a su familia y educar a sus hijos.

“Con esto he podido educar a mis hijos. Actualmente vivo con mi señora, mis dos hijas y un nietito”, manifiesta.

El helado de paila es más apetecido porque es hecho de manera natural, asegura Mendoza, puesto que “los otros helados usan cremas”. Los adultos son los que más consumen este producto.

“La gente apetece más el helado de paila porque nosotros no ponemos colorantes, cremas ni nada”, agrega.

Mendoza precisa que continuará con esta actividad hasta que se le permita, puesto que hace un tiempo atrás, miembros de la Guardia Ciudadana le exigieron que presente un permiso, no obstante, cuando fue a solicitarlo, se le negó.

“Me llamaron la atención los del Municipio, me dijeron que desaloje de aquí porque no es permitido vender en la acera, que siga recorriendo. Yo les manifesté que soy de la tercera edad y que el carro es pesado de empujar”, argumenta.

“Yo no recibo bonos ni nada de eso. Este es el único trabajo que yo tengo. Me gustaría que me permitan seguir trabajando aquí y que me den un permiso”, señala. (LCH)-(I)

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